Extractos

Extracto del Prólogo – «Este libro está dedicado a los buscadores, como ya habrás podido comprobar. No obstante, me gustaría puntualizar que entre ellos existe un determinado grupo a los que deseo dedicar estas páginas de forma muy especial: Los buscadores que aún no saben muy bien lo que tienen que encontrar.

Qué Interesante paradoja… ¿verdad?  ¿Cómo se puede estar inmerso en la búsqueda de algo que no se sabe de qué se trata? Pues aún hay algo mejor: No saben de qué se trata pero cuando lo encuentran… les cambia la vida.

He aquí la principal razón por la que la mayoría de los mortales nos convertimos en ese tipo de buscadores en algún momento: Todos sentimos un deseo muy fuerte de cambiar nuestra vida.

Y salimos a buscarlo todo… y nada a la vez. Lo buscamos todo porque sentimos un vacío tan grande en nuestro interior que todo parece caber dentro de nosotros. Sin embargo, nada parece ser suficiente para saciarnos y sanarnos. Nada allá afuera parece complacernos. Y sucede así porque lo que buscamos no está allá afuera sino más bien aquí dentro… de nosotros. Nos estamos buscando.

Si tú eres una de esas personas buscadoras entonces este libro está especialmente dedicado a ti. Además quiero que sepas que eres muy afortunado o afortunada, no porque el libro esté dedicado a gente como tú, sino precisamente por todo lo que te está sucediendo.

 Te hablo muy en serio. Lo que pasa es que a lo mejor necesitas cambiar la perspectiva que tienes de ti y de tu vida para entender lo que quiero decirte. Te explicaré.

Cuando te sientes tan perdido, cuando estás desorientado, cuando tu vida se torna insípida y no sabes ni qué rumbo tomar, ni cuál es tu camino, la gente suele decir que lo que te está pasando no es más que..

..una crisis existencial. Algo bastante malo e incómodo y cuanto antes termine de pasar y se aleje… mejor para ti.

Yo lo veo de forma totalmente diferente. Para mí lo que te está pasando es nada más y nada menos que la llamada del alquimista, es algo muy bueno y no deberías dejar que pase de largo sin prestar atención al tesoro que en ella se esconde.

La llamada del alquimista es un grito de la fuerza de la vida y a veces es un grito de la vida con todas sus fuerzas. Aunque te cueste creerlo, el origen de esa misteriosa, mágica y oportuna llamada que te tiene tan desconcertado, molesto y desorientado, está totalmente vinculado a ti mismo.  La propia vida, en todo su esplendor e inteligencia (permíteme decirlo así) desea TODA TU ATENCIÓN porque desea TU TRANSFORMACIÓN, querido alquimista, porque alquimistas también son aquellos que encuentran la manera de transformar sus vidas a través de su propia transformación. Y tú, que ahora lees estas palabras, seguro que sabes de qué te estoy hablando. La vida desea ver cómo te transformas, cómo cambias, cómo evoluciona una parte de ti y por ende de tu vida. El momento ha llegado»

«…Este libro recoge las vivencias que tuve en un momento muy concreto de mi vida en el que me había volcado a dicha búsqueda, a la cual también me gusta llamar viaje iniciático, porque expresa el viaje interior que sucede dentro de uno mismo mientras se busca. Guardo un cariñoso y simpático recuerdo de ese momento porque no entendía lo que me estaba pasando pero me daba igual. Yo seguía adelante, siguiendo pistas y señales cósmicas. Señales que apuntaban a una dirección, señales que invitaban a hacer algo y que fueron guiando mis pasos y mis decisiones, unas veces con buena intuición y otras con torpe cabezonería. Pero siempre avanzaba. No era consciente del alcance de mis actos y mis decisiones, los cuales ahora sí puedo decirte que eran la viva expresión de un alquimista en su propio proceso de transformación…»

_______________________________________________

Extracto del cap. V  «Me adentré en el corazón del fascinante antiguo Cairo, territorio por excelencia de buscones, resuelve–vidas y cuentacuentos, que al grito de – ¡A por ese, que parece perdido! –  se  acercan a cuanto individuo osa aterrizar por sus dominios. Como ya tenía clarísimo que ese capítulo no me lo podía saltar, decidí adelantarme y valerme de los servicios de un escolta. Es decir, valerme de la presencia de uno de ellos para dar mi paseo y así evitarme el consabido goteo de encuentros indeseados con sus colegas del sector.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Así fue como me acerqué a un individuo regordete, con cara de hablador y que permanecía al acecho de su próxima «presa». Al principio no dio crédito a que yo me acercara a él y seguro que pensó que me había vuelto loco. Le miré a la cara como si ya nos conociésemos de toda la vida, le ofrecí mi mano para saludarle y de forma directa y seria le dije

– Hola amigo, tengo hambre. Por qué no me llevas a un lugar donde TÚ sueles ir a comer.

Hay que reconocer que interpretar el papel de… El turista que sabe lo que quiere requiere de cierta práctica, intuición y una buena dosis de relaciones públicas. También es cierto que tiene sus riesgos, no te excluye de meter profundamente la pata de vez en cuando, pero supone una fuente inagotable de sorpresas. La clave de todo está en sentirte bien mientras haces lo que haces y demostrar un cierto aire de seguridad y confianza lo cual sirve para evitarte una importante parte de los discursos y las artimañas que siempre tienen preparadas para lanzarte. He dicho una parte; el resto siempre acaba cayendo como un diluvio.

Mohammed, mi nuevo compañero de andanzas, resultó ser más charlatán de lo que imaginaba. En aquellos primeros minutos serpenteando callejones pintorescos, su incongruente discurso ponía de manifiesto el descarado interés por obtener un primer diagnóstico sobre lo que podría venderme. Yo tenía claro dos cosas: que algo acabaría comprándole en algún momento y que nuestra relación tenía que ser win–win (ambos salimos ganando).

Decidí valerme de su compañía para poder hacer fotos a cuanto rincón pintoresco y singular iba apareciendo en mi camino, asumiendo que él se encargaría de «negociar» los copyrights con las gentes del lugar.

– Quit pro quo Mohammed, quit… pro…. quo…

… y así lo entendió Mohammed, a tenor de lo bien que hizo sus deberes: Todo aquel que se acercaba a ofrecerme algo, era convenientemente tratado y despachado por él, mientras yo hacía los míos. Para mi fortuna pude inmortalizar un paisaje urbano fascinante, estampa del más puro espíritu comercial de oriente, con sus bazares, tiendas y tenderetes ofreciendo todo tipo de mercancías; gente negociando, mercaderes convenciendo, bullicio ensordecedor, calor humano, espectáculo de colores y olores tan seductores como irreconocibles para un turista como yo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s